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El Leon Rey. Por Evaristo Santos Luna, Ph.D. 09/17/2008

 

Este cuento me lo contó mi padre hace 60 años. No conozco su origen ni el autor. Mi padre murió en 1966 y nunca le pregunté. Sólo sé que un maestro le contó ese cuento cuando era un niño de escuela elemental el maestro se llamaba Evaristo y en honor a el, mi padre me llamó así.

            
     Encerrado en el corazón de un puerco espín estaba, por encantamiento, el ser señorial de un príncipe de un reino antiguo, en las sabanas de África Central. El príncipe debía convertirse en un león con las palabras mágicas que un duende le enseñó; debía enfrentarse al puerco espín, que era gigante, muy fuerte, equipado con fuertes colmillos y espinas. Debía dominar al puerco espín, matarlo y abrirle el pecho, sacarle el corazón, con lo que se convertiría en el rey y dueño del reino.

            Cada vez que su pueblo elegía un príncipe, éste moría en su coronación. Así sabían que ése no era el príncipe heredero. Ya ningún joven quería ser presentado como candidato por temor a una muerte segura.

            Tatúm, el príncipe encantado, se mantenía alejado de la gente y sólo se dejaba ver en la coronación de algún candidato, pero volvía a desaparecer. Esperaba sólo ese momento agraciado en que se encontraría con el gran animal, pronunciaría las palabras mágicas en la batalla, vencerlo, sacarle el corazón donde residía su encanto y convertirse en el rey de su pueblo. Pasaban los años y aunque había oído rumores del gran puerco espín, él no lo encontraba.

            Para enfrentarse al gran animal él debía decir: " Dios y león" y al momento se convertiría en un gran león capaz de dominar a su enemigo. La victoria estaría sujeta a que en el momento de la batalla, el león rey dijera: "si yo tuviera una copa de vino y un beso de una muchacha doncella yo te vencería, so puerco espín". Así el príncipe repetía en silencio su fórmula secreta para que al momento crucial no se le olvidara.

            Un día, mientras caminaba por la selva oyó un sonar raro, fuerte, atronador, de terror. Le dio carne de gallina y se sintió desvanecer pero recordó su fórmula. Al ver el extraño animal dijo las palabras mágicas;" Dios y león," se acercó fieramente al puerco espín y le dijo: "debes abandonar mi territorio " y él le respondió: "yo sólo cedo lo mío con la muerte, insolente."

            El rey león le dijo: "pues defiéndete" y se abalanzó sobre el puerco espín. Era tan difícil pelear con este animal, era tan incómodo atacarlo pero ésta era la única manera de liberarse del encantamiento.

            Batallaron por largo tiempo y el león rey gritó: "si yo tuviera una copa de vino y el beso de una muchacha doncella, yo te vencería, puerco espín." Pero ni el vino ni la muchacha aparecieron. Abatidos de cansancio y heridos los dos se retiraron mientras el león decía: "te venceré " y el puerco espín decía, "este territorio es mío"

            Muzca, una joven hermosa pero muy tímida, vivía en una choza de barro y paja en un pequeño poblado de la comarca. Ella había visto a Tatúm en la selva y se sintió perdidamente enamorada de él. Siempre soñó con salir de su choza, puesto que la vida allí era muy dura y solitaria. Ella cosechaba frutas de los árboles, huevos de los pájaros y cazabaaves y animales pequeños para sobrevivir. Su familia tenía algunas cabras de la que tomaban leche y en ocasiones mataban algunas para comer y compartir con los vecinos.

            Muzca acostumbraba hablar con los ancianos de su pueblo. Le encantaba oír aquellas historias sobre duendes, hadas, reyes y reinas de países distantes. A veces pensaba que aquellos ancianos no contaban historias que pasaban de generación en generación, sino que las inventaban para llamar la atención y entretener a los jóvenes. De todas maneras no había mucho que hacer en aquella villa. Era preferible oír los cuentos aunque fueran mentiras, inventos de ancianos.

            En uno de esos cuentos había conocido una historia de encantamientos y brujerías y las disfrutaba tanto que pensaba ser uno de sus personajes. El cuento de personas convertidas en ranas, príncipes, princesas, cabras, leones, dragones y serpientes no le eran ajenos. Esperaba un día contarlo a sus hijos y a sus nietos cuando ya fuera una anciana en su pueblo.

            Tatúm se recuperaba de sus heridas pero seguía pensando cómo podría enfrentarse al gran animal y derrotarlo para cumplir con su destino. No podía ser sólo un sueño. Su abuelo Tambactu le había revelado el misterio de su vida y él lo creía firmemente. A veces sentía miedo, le entraba dudas, pero él se auto corregía y se animaba. "No puedo rehuir mi destino", se decía.

             Ya con fuerza suficiente y sin dejarle saber a la gente la manera en que había sido herido en combate, Tatúm estaba muy intranquilo; su historia se difundía por todas partes. El no soltaba prenda, por más presión de parte de los familiares, amigos y vecinos, mantenía silencio. Sólo sabía que algún día se resolvería el acertijo y él lograría su destino.

            El puerco espín, encerrado en su escondrijo, recuperaba rápidamente y saldría a dar la vida por su territorio, no importa a qué se enfrentaría. Su meta era ganar. Todo animal dominante sabe que perder es sinónimo de esclavitud o destierro por lo que pensaba sólo vencer o morir.

            Tatúm, por su parte, sólo pensaba como romper el hechizo. Le gustaba la idea de verse como león: una gran melena, grandes y fuerte garras, colmillos envidiables, capacidad para saltar y dominar la sabana, derribar grandes animales y ser mirado y envidiado por otros animales. Sacudía su cabeza y decía: "que pensamiento más raro, si la gente del reinado se enterara se reirían de mí, me dejarían sólo, pensarían que soy un diablo o algo así". Pero una fuerza irresistible lo animaba por dentro, le exigía caminar, cruzar montes, ríos o pasar cualquier obstáculo, todo lo veía posible.

            Tatúm se fugaba sigilosamente y se iba a buscar su aventura suprema. Caminaba grandes distancias buscando la gran bestia. Empezaba a pensar que lo sucedido en aquella batalla sólo era una pesadilla. ¿A caso perdió el conocimiento y sólo imaginó la historia del encuentro con el puerco espín? Por esa razón era menester no contar a nadie lo sucedido.

            En una de cientos de caminatas que había hecho escuchó nuevamente los rugidos estruendosos del puerco espín. Como era de esperar, su cuerpo se cubrió con una sensación extraña. No sabía como descubrir esa sensación y ese sentimiento. Recordó las palabras mágicas, no podía fallar esta vez. La selva se estremeció por el viento, ruidos de pájaros y animales que se escuchaban por todas partes. Tatúm sentía que caminaba sin tocar tierra, sentía flotar; quería detenerse pero no podía. Escuchaba la estampida de animales huyendo. Estaba confundido , la soledad, los ruidos , el miedo y el reto,  todo parecía hacer un momento singular; algo así como un laberinto sin salida, una arena,  un círculo de combate o un circo a puertas cerradas.

            Muzca estaba caminando por la selva, oyó aquel rugir de león, ruidos de toda

clase y corrió hasta el borde de un  riachuelo. Allí en un pequeño valle observó un gran león que se aprestaba a atacar a una fiera rara, era un puerco espín grande, como nunca antes visto, sus espinas enormes, sus colmillos salientes, su apariencia inusitada. Ella observó cómo se entabló la lucha. El león le tiraba zarpazos violentos y el puerco espín giraba para protegerse e hincar al león. El león hería con sus garras al puerco espín pero éste le hería con sus puntas horribles, se paraba en sus patas traseras y trataba de morder al león. El león sabía que si lograba voltearlo podría atacarlo por el cuello y vencerlo, pero la fiera se protegía y atacaba. Así batallaron largo rato hasta que el león dijo con fuerte voz: "si yo tuviera una copa de vino y el beso de una muchacha doncella yo te vencería, so puerco espín"

            Muzca oyó al león decir aquellas palabras y sintió gran simpatía por él, quería cumplir aquel deseo, pero no sabía qué hacer, cómo llegar al león, cómo conseguir el vino, la copa. De pronto sintió que todo estaba perdido. El león lucía muy débil, sangraba, jadeaba y el puerco espín estaba peor. Los dos retrocedieron, pero no daban la espalda, se seguían mirando como para continuar la lucha hasta morir si el contrario le atacaba. El silencio inundó el valle. Allí estaba Muzca, paralizada, confundida. Se hizo una promesa, de ahora en adelante llevaría consigo una copa y vino. Si se encontraba con un evento como el vivido, sacaría el valor y daría el beso al león y le ofrecería la copa de vino al león.  Sólo tenía un problema; cómo conseguir la copa y el vino.

            El león y el puerco espín desaparecieron en caminos opuestos. Era necesario recuperarse de sus heridas y de aquel agotamiento fatal que les envolvía. Esta guerra continuaría, nada empezado debe quedar sin terminar; sólo la muerte detendría la lucha. La esclavitud y el exilio no son opciones, entregarse es cosa de cobardes.

            Tatúm llegó a su casa herido, agotado y sin una explicación para los suyos de su estado o condición. Acaso pelea consigo mismo, a caso tiene amores ocultos en tierra enemiga, acaso es distinto a nosotros, pensaba la gente; así él lo sentía. Los rumores no cesaban. Todos inventaban cuentos de héroes, de mercenarios, de ángeles buenos y malos, de civilizaciones secretas, de duendes, hadas y dragones.

            Los días pasaban rápidamente pero a Tatúm le parecían años. Quería reponerse y volver a caminar por la selva, por la sabana o cualquier lugar que se la ocurriera para encontrarse con el puerco espín. La obsesión de ganar la batalla, de sacarle el corazón a la bestia y recuperar su trono no le permitía esperar. No entendía cómo a su abuelo se le ocurrió echarle ese encantamiento. Si él no lograba romper el embrujo, la bestia moriría y ya nadie podría recuperar el reino.

            Muzca no perdió el tiempo. Visitó un anciano de la aldea y la relató lo que había visto y las palabras pronunciadas por el león. El anciano reconoció inmediatamente este relato. No podía creer lo que Muzca le contaba y le hizo una promesa: "Hoy mismo reuniré a los ancianos y discutiremos este asunto. Mi niña, algo grande va a pasar y tú serás parte de esta historia; nosotros nos encargaremos de conseguir la copa y el vino. Al séptimo día, cuando te levantes, si encuentras la copa y el envase de vino en la puerta serás agraciada y resolverás el misterio. Si no aparece nada en la puerta de tu choza, tú también recibirás la conjura y morirás como los jóvenes presentados a ser coronados príncipes del reino. Nadie puede escapar de su destino, no importa qué haga ni a dónde viaje, la suerte le acompañará. No hay lugar seguro ni habrá alteración en lo predeterminado.

            Muzca se fue con dos sentimientos encontrados: alegría porque podría estar en sus manos resolver el embrujo del príncipe y tristeza porque podría traer sobre si la maldición y la muerte. Los siete días de espera serían terribles para su gentil corazón, pero no había nada que hacer, sólo esperar.

            El puerco espín ya estaba recuperado. Con gran rabia recorría sabanas y montes velando celosamente su territorio. Cruzaba ríos, valles y collados trotando y mirando a todos lados. Su cuerpo tenso, su boca emblanquecida con espumaje constante, su cuerpo forrado con espinas agudas, feas, amenazantes. La idea de ser el dueño de todos aquellos entornos era poderosa; la idea de ser esclavo o vivir desterrado le ensoberbecía. El reclamaba todo o nada, no aceptaría componendas ni arreglos porque era la conducta de los débiles. Sabía que los días estaban contados, si él podía hincar con sus espinas al león, éste podría enfermar y morir. Era mejor que el león nunca volviera por estos parajes, que daría sepultado en los pastizales, se decía.

            Tantum, mientras tanto, ya recuperado de sus heridas, lleno de coraje y forzado por su destino, buscaba la manera de escapar de los suyos sin que lo vieran. Era importante que nadie presenciara su batalla final pues, si hubiese un próximo encuentro con el puerco espín, éste sería el último, o moriría. No estaba dispuesto a tolerar otra espera, no quería llegar a ser dueño de su reino siendo un anciano cansado y triste. Quería formar una familia y vivir una vida sosegada y feliz.

            Su paciencia produjo resultados. La muerte misteriosa de uno de los ancianos de su pueblo atrajo la atención  de la gente, momento que Tatúm aprovechó para escapar sin ser visto.

            Corría y corría sin parar hasta dejar atrás su poblado. Una sola idea bullía en su mente, vencer o morir. El corazón agitado latía queriendo romper su torax. Sentía nuevamente que flotaba sobre el césped, aquella prisa, aquel impulso incontrolable no le dejaba pensar. Era como si el destino lo arrastrara a la victoria o a la muerte. No tenía control de sí mismo. Se sintió fuerte, soberano, pero aquellas dudas que le venían lo devolvían a la realidad. Sólo las palabras de su abuelo resonaban a su oído: "eres el escogido, debes enfrentarte a tu enemigo, debes reivindicar a tu familia. Un sólo acto de cobardía trajo aquel maleficio a la familia y no se debía repetir"

            Muzca, tras días de incertidumbre y angustia, se levantó el séptimo día, como se le indicó. Llena de angustia y temor, pero llena de ilusión abrió la puerta de su choza; a penas la luz empezaba a levantar. Allí encontró la copa, una copa dorada, brillante y pulida y una bota de vino. Sintió desmayarse, mil ideas pasaron por su mente; las ideas no paraban de desfilar, era tiempo de caminar.

            Salió corriendo, temerosa de las fieras, preparada sólo con arco y flecha con su pequeño tesoro, se aventuró a la sabana. Se desplazaba como lince que busca presa en el matorral. No notó que tres ancianos la seguían. Los ancianos la seguían a una distancia prudente, debían documentar todo lo que aconteciera; no podían caer en descrédito en su comunidad.

            Tatúm reconoció la presencia del puerco espín, sudó, sintió frío, pánico y soledad.

Pero repitió su fórmula, fórmula del rey de la selva y de inmediato descubre la presencia de su enemigo. Si mediar palabras dice sus palabras mágicas y ruge fuertemente.

El puerco espín no deseaba encontrarse con el odioso león, le gritó con fuerte voz: "hoy serás presa de los que atropellas, hoy se terminará tu reino y no serás más que un desagradable cadáver y las moscas te harán compañía, serás tierra para las plantas que nos alimentan."

            El león con su sedosa y larga melena, su rabo erguido y sus fieros dientes expuestos caminó lentamente hasta ponerse frente a su rival y mirándole a los ojos le dijo: "vengo por lo mío, prepárate a morir, yo soy el rey, el hijo de la promesa, la reivindicación de la familia que heredó esta tierra." Sin mediar más palabras le atacó, intentó voltearlo pero el puerco espín era muy grande y fuerte y utilizaba bien sus colmillos y espinas. Heridas, sangre, rugidos, zarpazos invadieron el pequeño valle donde se encontraron la vez anterior.

            Muzca, que se había aventurado al valle donde presenció la batalla y escuchó por primera vez un león y un descomunal y raro puerco espín, que parecía un gran jabalí con espinas, oyó aquel ruido estruendoso y corrió como gacela hasta descubrir el encuentro. Los pobres ancianos jadeaban de cansancio pues nunca habían corrido tanto. No querían ser vistos aunque el envolvimiento de Muzca era tan grande que nunca los hubiese notado, ella estaba como en éxtasis, su mente, su oído sólo estaban ocupados por la batalla en la que un príncipe encantado se jugaba su destino.

            Muzca notó al león cansado y herido, ya casi sin fuerzas, pero seguía en la batalla sin cesar. El babero de la boca del puerco espín le daba nauseas y mareos; las heridas en el puerco espín no se veían pero sí se notaban que sangraba, que tenía manchas de sangre que se hacían bien notables mientras ella se acercaba.

            El león gritó con voz potente: "si yo tuviera una copia de vino y un beso de una muchacha doncella yo te vencería, so puerco espín. "El rival respondió:" el que quiere lo que tiene, con su vida lo defiende, el muerto no vale y tu morirás en los matorrales." En ese momento Muzca descubrió a los ancianos y pensando que ellos la detendrían corrió apresuradamente y llegando al león le ofreció la copa de vino y abrazándole, lo besó.

            El león saltó metiendo la cabeza por debajo del hocico del puerco espín, lo volteó   y agarrándole por el cuello lo sacudía y le enterraba sus colmillos hasta que el puerco espín dejó de brincar y sacudirse. El león sin detenerse un instante desgarraba el vientre del puerco espín hasta que logró sacarle el corazón que devoró de inmediato.

            Hubo un concierto de sonidos extraños de pájaros, animales de la selva, del viento y una música muy agradable, de mil cuerdas, jamás escuchada por el león, los ancianos y la joven.

            De pronto, el león se transformó en un hermoso y fornido joven, fuerte como un león, bondadoso como un ángel. Los ancianos corrieron hacia él y se postraron en señal de obediencia, se incorporaron y lo bendijeron.

            Muzca seguía en éxtasis, su cara, su cabello, sus ropas y sandalias, se transformaron, surgiendo de su estado una hermosa y delicada mujer.

            Los ancianos miraron al cielo y dijeron: "finalmente se rompió el embrujo y nuestra tierra está liberada. Estos son nuestros príncipes que habían de casarse de inmediato y ser coronados como rey y reina de esta comarca. Ya no habrá más guerra, ni hambre; se acabó la incertidumbre, todo ocurrió como nuestra tradición esperaba."

            La noticia corrió rápidamente por toda la comarca, Tatúm y Muzca se casaron, fueron coronados rey y reina de la comarca y todos fueron felices.

 

            Por. Evaristo Santos Luna

 
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